Alguna vez un amigo me dijo que hay tres formas de trascender: tener hijos, plantar un árbol, y escribir. El regalo más preciado que puedo darte es este: permitirte sostener en tus manos un papel que hable de ti, solamente de ti, diciéndote que las raíces de la familia que plantaste son profundas, que su tronco es fuerte, que sus hojas son hermosas y que ha dado frutos; expresarte que has logrado trascender, y que te admiro. Siempre quise escribir como tu lo haces, con esa pasión y sentimientos que no se pueden encontrar en cualquier familia, sólo en la nuestra.
No solo me enorgullece portar tu nombre, sino portarlo como mi nombre en hebreo; tu nombre es el que me conecta con las tradiciones de la familia y con la historia de mi pueblo; aparte nunca me dejaste olvidarlo… siempre hablamos de la shomer, de tus tiempos en hanoar, de mi ajshara y de cualquier tema que me recuerde el rasgo más importante de mi identidad: que soy judío y soy un Soffer, y nuestro nombre nunca me permitirá olvidarlo.
Espero que cuando me veas, mires un espejo que te refleje en el pasado, que te encuentres en mi tal y como me encuentro en ti, que estés orgulloso de ser el que marca el camino a seguir, de ser el pilar de la familia, y, lo más importante, de ser una de esas personas que llegaron al mundo a cambiarlo y lograron mejorarlo. De ser el mejor abuelo que podría pedir.
Te quiere y admira mucho.
Tu nieto que logró derrotarte en ajedrez, pero que nunca podrá olvidar a quien le enseño.
Arturo ‘Ezra Moshé’ Shapiro Soffer.
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