Nunca olvidaré mi mano deslizándose por tu cuerpo, apenas rozando cada rincón de tu piel; explotando sensaciones y glorificando sentimientos. Recuerdo el ritmo de tu corazón, palpitando una y otra vez al mismo tiempo que el mío, definiendo el amor y juntando nuestras almas.
“Te amo”, me dijiste suavemente al oído mientras sutilmente acariciaba tu pelo y cerraba mis ojos. Te pedí que te quedaras cerca, que no me soltaras, mientras tui cuerpo desnudo permanecía sobre el mío; y mis manos te rodeaban fuertemente cuando tus labios rodaban sobre mi.
Pasan unos minutos y duermes profundamente, mi mente me atormenta… -“mañana”… Siento una mezcla de momentos tristes y felices, y sonrío mientras una lagrima recorre mi nariz.
Te veo soñando, satisfecha, y me pregunto el origen de tu tranquilidad sabiendo que esta noche sería la última en la que respiraríamos al mismo ritmo.
Ahora abro los ojos y no estas junto a mi, mi almohada no tiene tu perfume, siento frio en mis brazos. Me pregunto si sin ti las cosas cambian o seguirán el camino que destina a juntarnos de nuevo.
Abro los ojos… me doy cuenta que nunca los tuve cerrados.
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